Zamora, 10 de julio

mujeresQuerida madre,

     Tu respuesta a mi carta me produxo gran alegría. Paresce que fue ayer quando el pequenno Ramiro dio sus primeros pasos et ya está aprendiendo a montar a caballo! Os agradeçemos vuestros regalos, et espero que os guste lo que os enviamos.

     Todo sigue bien para nosotros, a pesar de las nuevas que han llegado a Zamora. Mi esposo me ha confiado que el rey planea emprender una campanna contra los Almorávides, esos moros que visten negras ropas e traen negros augurios. Non será para defender a Rodrigo de Vivar, aquel caballero desterrado que se ha ensennoreado de Valençia, sino para restableçer el orden natural et vengarse de los infieles.

     Madre, tengo miedo. No a los Almorávides, pues el Criador nos protegerá dellos, sino miedo porque mi esposo sin duda alguna participará en la guerra e me quedaré sola. Comprendo que es su deber como caballero Christiano, et ya sabía que estos momentos llegarían, pero esperaba que pudiéramos disfrutar de nuestra compannia por más tiempo.

     He rogado que al menos pueda acompannarle a Toletho, donde se reunirán las tropas. Soy consciente de que el frente de batalla et las ciudades asediadas non son lugares para damas, pero en la majestuosa Toletho, tras sus grandes murallas, podré estar lo suficientemente çerca de mi esposo sin poner mi vida en peligro. Esta ha sido nuestra primera pelea como matrimonio, et se ha mostrado sorprendido por la audaçia de mi petición, aunque espero la interçesión de Donna Ana, mulier de su amigo Sancho, para que se plegue a mis deseos.

     Se despide tu filla,

         Aurora

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