Velos negros

frenteleones¿Alguna vez escuchaste los ecos de los truenos retumbar entre las montañas? Ansí suenan los tambores de Al Murabitun. Façe tiempo que parescemos vivir dentro de una fragua, con el calor del mes de Ramadán et el retumbar inçesante de los tambores. Hoy nos han fecho formar a filas. Creo que vamos a combatir. Algunos auxiliares christianos de la zona no paresçen contentos de que haya musulmanes a su lado, aunque más tengo en común con ellos que con unos omes extrannos venidos de más allá del mar. Iba a despedirme de mi fillo pequenno (non me permitieron fablar con el mayor) quando un guerrero christiano enorme, calvo et con pocas luçes me ha detenido. ¡El muy canalla non tiene entendederas suficientes para ver que mi fillo es rehén et non soldado! Non me permite fablar con su alférez, et amenaçándonos con su espada nos obliga a marchar en formaçión. Mi pobre fillo está aterrado. Murmulla una et otra vez “Non volo morire”. Non es lo mismo querer ser guerrero que verse en situaçión de lidiar. Trato de consolarle mientras miro de reojo a nuestros escoltas. A la menor ocasión trataré de que se escabulla.

Llegamos al campo de batalla. A los costados se extiende una enorme mancha de guerreros con velos negros sólo interrumpida por una nota de color en el centro. Me comentan que esos son auxiliares andalusís, tal et como soy yo. Comiença de nuevo una tormenta con truenos pero sin relámpagos. Esos tambores van a volverme loco. En nuestro lado, la magnífica caballería christiana está lista para cargar antes de que nosotros, la chusma que fará de muro de carne, resciba la orden de avançar. Trato de mantenerme junto a mi fillo, pero los auxiliares están nerviosos et se mueven, le alejan de mí, le pierdo de vista… ¡Espera, Asad!

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