Tambores

adiestramiento14 de agosto

 Apenas había conçiliado el suenno cuando un sonido que paresce venir de ultratumba me despertó anoche. Son los tambores almorávides. Su sonido ha calado en nuestras cabeças et retumba en nuestros oídos. No han cesado de tocar en todo el día et ya por la tarde mis companneros han alcançado tal nerviosismo que han començado a colpearse entre sí.

Presto, un soldado enorme, con la cabeça afeitada et pocas luçes, nos han colocado a empujones contra la muralla, junto a la poterna et un caballero ha fablado de tal modo que me ha sorprendido, pues parescía casi afectuoso: «Por la mannana prieta rescibiréis un arma cada uno. Con ella podréis defender vuestra vida et la de vuestras familias. Descansad agora et non os firáis entre vosotros».

Un juglar de pelo largo et rojisso ha corrido hacia él: «Sennor, sennor, yo non soy ome de guerras…» La mirada fría de Diego Rodríguez le ha dexado paraliçado et ha vuelto a sentarse a mi diestra.

Ur ben Ximeón

 

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