Las estrellas (epílogo)

Abro los ojos et veo las estrellas. Despierto tumbado al raso et tardo unos instantes en recordar dónde estoy et qué ha pasado. La batalla ha terminado. Comiença a dolerme et el brazo et veo una flecha clavada en él. Consigo romperla, trato de incorporarme con cuidado, pero caigo al suelo. La cabeça me va a estallar, pero tengo que encontrar a Asad. Camino arrastrándome entre los muertos. Non se escucha nada et tan sólo paresçe haber pequennos grupos buscando entre los cuerpos. Sin ser visto me aproximo al lugar donde debería estar Asad. Non le encuentro et las lágrimas asoman a mis ollos. Escucho un gemido, más non veo nada. Por fin veo la cara sucia de mi pequenno Asad debajo de un bulto. Consigo mantener la calma et continúo arrastrándome. ¡Está vivo! Trato de sacarle de debajo del bulto. Entonces me doy cuenta de que se trata de un home que pareçe vestir un manto judío. Debió abraçar a mi pequenno para protegerle con su cuerpo. Yace tendido, rodeado de lo que paresçen pergaminos. Doy graçias en silencio a Dios et a aqueste desconoçido por salvar a mi pequenno. Paresce que mi fillo está bien, pero está aturdido et en silencio. Le subo a mi espalda et sigo arrastrándome. Non sé ni me importa cómo terminó la batalla. Mi mente está fixada en un sólo pensamiento: tengo que llegar a casa donde mi mujer et mi filla esperan desconsoladas.

Miro por última vez el campo de batalla. Alguien se ha açercado al mirar al judío que salvó a mi fillo. Será una aluçinación, pero me paresçe que es Dominico, el Tendero, quien rebusca entre las ropas del muerto. Non está recogiendo joyas ni alhajas. Está… recogiendo los pergaminos que había desperdigados por el suelo. Expulso este extranno pensamiento de mi mente et miro adelante. Es hora de volver a casa.

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