Las campanas

campanasNunca me acostumbraré al sonido de las campanas. Non es un toque desagradable, et non es la primera vez que doblan al viento, pero hasta façe poco los christianos sólo las tocaban con ocasión de sus grandes festividades. Agora parescen aclamar a su dios a todas horas, et non hay día en que su ecclesia non nos recuerde el lento caminar del sol por el cielo. No ha mucho del día en que unos caballeros christianos llegaron diçiendo que nuestro señor agora se llama Alfonsso, que agora somos sus vasallos porque aquestas tierras forman parte de la dote de una señora con la que se ha desposado, o tomado como concubina, que uno escucha cualquier cosa paseando por el zoco.

Yo non me preocupo destos assuntos, et me da un ardite quien nos gobierna, pues jamás vino aquí nuestro anterior señor, et jamás vendrá el llamado Alfonsso. Los días seguirán pasando, con campanas o sin ellas, et el tiempo transcurrirá tranquilo et falto de sobresaltos en mi querida Qusubra, o Cossogra, como insiste en llamarla el nuevo Cadí.

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