La revuelta

Façen varios días que non se permite a los musulmanes salir de casa. Ya començó el Ramadán, ansí que es fáçil en cierto modo. Tal vez escribir me ayude a despejar la mente. Un grupo de desesperados, comandados por Rabah el médico se rebelaron contra los Christianos diçiendo que más nos valdría unirnos a Al Murabitun en lugar de aguantar las insolencias de los rumíes que nos piden “gestos de buena voluntad” constantemente, et más aún agora que el Rey se encuentra en el castiello. La revuelta fracasó rápidamente et non creo que sea recordada. El necio de Habîb, mi fillo mayor, estaba con ellos. Es imposible describir la pesadumbre que me embarga al pensar cómo pudo paresçerle una buena idea levantarse a la desesperada contra homes armados. Seguramente sea culpa mía, pues consejo acertado o tan sólo las palabras adecuadas le hobieran fecho pensar de otro modo. Tawfiq, a través de Dominico, me ha dicho que está bien, pero prisionero en el castiello junto a otros miembros de la revuelta. Paresce que Rabah pudo fujir, aunque otros cabeçillas han sido executados.

Yo ignoraba por completo los planes de los rebeldes. Habría rechaçado qualquier invitación a unirme a ellos, et incluso habría tratado de façerles desistir. Aún ansí, non puedo dexar de sentir una punçada en mi orgullo por haber sido dexado de lado. Mientras tanto espero noticias de Tawfiq, que interçede en mi nome ante los christianos para tratar de liberar a mi fillo.

saqueo

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