La Mancha

almanxa

    Hemos dejado atrás la vía romana, los pastos verdes et los bosques. Ya no estamos en territorio seguro et podríamos encontrarnos con exploradores rumíes en cualquier momento. Marchamos con cautela, precedidos medio día de marcha por nuestros batidores. Nos dirigimos al Este atravesando Al Manxa, con la esperanza de atajar a los cristianos en campo abierto, aunque nadie cree que vayamos a tener tanta suerte.

    Se ha ido tomando posesión de las aldeas que encontrábamos sin que sus pobladores opusieran resistencia. Si bien les pedimos provisiones, siempre les dejamos lo suficiente para que no pasen hambre, lo que nos agradecen orando por nuestra victoria. Aun así no confío demasiado en la lealtad de estas gentes, acostumbradas a una autoridad lejana que tan sólo aparece de vez en cuando para pedir hombres et tributos. Supongo que no apoyan a un bando en concreto, et su auténtico anhelo es el fin de la guerra para conocer quién es el vencedor, pagarle los impuestos correspondientes, et ser dejados tranquilos.

    Face ya días que no vemos ninguna aldea que pueble esta tierra de nadie, árida et peligrosa, viéndonos obligados a racionar la comida. A veces olvido el peligro cuando dejo a mi vista perderse en la inmensidad de estos pardos horizontes. He contemplado desiertos, mares, ciudades et tupidos bosques, pero la despiadada monotonía de estos parajes invita como ninguna  a la reflexión et la melancolía. Es una tierra evocadora, bella a su manera.

Yaqub ibn al-Hadar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.