Ha llegado la hora

ataque

15 de agosto

Me ha despertado el silençio, el silençio de mil tambores que han callado de colpe. Nos miramos inquietos, mientras los caballeros dan órdenes con gestos, casi sin fablar, como si nadie quisiera que se oyeran sus palabras. Hemos dexado el castiello et nos situamos en lo alto de la ladera. Frente a mí, veo con desasosiego una inmensa muralla, formada por lanças, caballos et figuras negras, que se extiende del este al sur. Tan sólo en el centro se distinguen unas figuras a pié et con distintos ropajes, que parescen invitarnos al ataque, como si de carnaça se tratara.

Un murmullo se eleva entre nuestras tropas ¡Es el Rey! ¡El Rey en persona que, montado en un enorme caballo negro, cavalga ante sus omes et les fabla a grandes voçes. Los caballeros se remueven en sus monturas, enardecidos, et hasta yo mesmo siento ganas de lançarme ya a la lussa et terminar con aquesta situación. Iba alçar la maça de madera que llevo como arma cuando he oío a mi lado unos gemidos: Un chico de apenas treçe annos se me ha abraçado et llorando me diçe: «Non volo morire, non volo morire…»

Ur ben Ximeón

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