Crónica XVII

calles

Caminamos inmersos en una auténtica riada de gestes de todas clases: guerreros, comerciantes, mendigos, mujeres con el rostro cubierto…  Non  puedo evitar cierto mareo al querer descubrir todos los rostros. Finalmente hemos llegado a la alcazaba; Bermudo me ha fecho esperar mientras se perdía tras sus muros. Ha vuelto acompañado de dos caballeros et todos nos hemos dirigido a un amplio salón, decorado con tapices. En el centro, de pie, acompañado de un joven de mi edad, una figura que emana autoridad, examina unos pergaminos extendidos sobre la mesa. «¡Bermudo!»  ha exclamado levantando los brazos et viniendo hacia nosotros. «¡Santo Dios, non creí volver a verte!»

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