Crónica III

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Sentado en su poltrona, la tos apenas da tregua al pobre anciano, por lo que he de adivinar sus palabras entrecortadas, que caen sobre mí como agua helada. Junto a él, el padre Estanislao, prior del monasterio limítrofe con nuestras tierras, revisa unos pergaminos et me mira con curiosidad, tratando de adivinar los pensamientos que bullen en mi cabeza:  «Fillo mío, entre los monjes podrás llevar una vida placentera et tal vez algún día llegues a ser abad o prior, o tal vez obispo… Créeme, Ansur, es lo mejor para ti».

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