Crónica II

entrenador

Como cada día, he practicado el manejo de la espada et la lanza con Bermudo, el viejo compañero de armas de mi padre. A pesar de su edad et de faltarle el brazo siniestro, que le cercenó por el codo un musulmán al que envió al paraíso, se desenvuelve con más agilidad que muchos jóvenes.

Sé que me aprecia de verdad et, aunque el entrenamiento es agotador, le creo cuando diçe que de mi preparación de hoy, mañana puede depender mi vida. Según su costume, había comenzado a contarme una de sus andanzas, pero ha enmudecido ante la llegada de unos visitantes.

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