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cuestaalmoravides12 de agosto

 Anoche vino a verme Leví, mi antiguo compannero de viaje. Él et sus tres fillos habían deçidido abandonar Conssogra et fugir haçia Toledo. Su plan consistía en subir al cerro, dexar el castiello at siniestra, ir a guarecerse al bosquecillo que llaman Estanques Romanos et permaneçer allí escondidos hasta ver en qué concluye aquesta situación.

Descendíamos ya a la luz de la luna por el cerrillo siguiente al de la fortaleça cuando vi en el çielo cómo unas estrellas se movían de un lado a otro. «Mal presagio» pensé, et de pronto, unas sombras negras calleron sobre nosotros. El brillo de las espadas et los gritos atenaçaron mis músculos et caí rodando por un terraplén.

He despertado en un pedregal. Mi caida de anoche por el desnivel me libró de la patrulla almorávide, pero ¿qué habrá sido de los demás?

  Al levantar la vista, un impresionante espactáculo ha apareçido ante mis oxos:miles de jaimas se extienden desde los Estanques Romanos haçia Conssogra. La almofalla ha cresçido tanto que el campo paresce vestido de negro.

Ur ben Ximeón

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