El armario

manuscritoHe visitado a Dominico, el Tendero, para comprar tinta. Se ha alegrado de que continúe con mi libro de días et non olvide el oficio de escribir, aunque ya non trabaje para el Cadí tras el advenimiento de los Christianos. Me ha insistido, una vez más, en la importancia de registrar la estoria et guardar todas las chronicas posibles por mundanas que sean. Non sé a quién podrán interesar las andanzas del agora agricultor Alîm ibn Manna, pero espero poder enseñar el arte de la escriptura a mis fijos quando sean mayores, et non debo perder la práctica.

Dominico me han enseñado un armario que acaba de comprar a Muntassir, el carpintero. Es una bella pieza fecha con tres tonos de madera. Tiene formas geométricas talladas en los cajones et bordes que asemejan columnas. Diçe que lo usará para guardar sus pergaminos, pues su colección cresçe et su esposa se queja día tras día del desorden. Afortunadamente mis escritos ocupan poco, et ‘Aadila aún non me reprocha mi afiçión.

La carta

saqueo_almHe resçibido carta de mi hermano Yahya. Llevaba tiempo sin tener noticias suyas, et aunque me alegro de saber de él, las nuevas non son buenas. Al parescer, los rumores sobre el regreso de los guerreros llamados Al Murabitun son ciertos. Han vuelto a Al Andalus entonando cánticos de Yihad, han entrado en Qurtuba et marchan haçia el norte façiendo retumbar el suelo con el sonido de sus tambores. En Qurtuba requisaron todas las armas de la ferrería del pobre Yahya et le obligan a acompañarles como auxiliar, aunque insiste en que le tratan bien.

Me he visto en la obligación de comunicar al conçejo el contenido de la misiva, pero tan sólo pude fablar con mi viejo maestro Tawfiq, cuyos años parescen respetar los Christianos, pues aún permanesce en su puesto.

La pelea

medicosVolví a fablar con Tawfiq quien me ha confiado que el Cadí ya estaba al corriente de la marcha de Al Murabitun et espera instruçiones desde Tulaytulah, que seguramente sea su objetivo. De ser ansí, Qusubra estaría en su camino. Las noticias han corrido como un lebrel et la gente está alborotada. Los representantes religiosos de Christianos, Musulmanes et Judíos tratan de calmar al pueblo, pero los primeros roçes ya se han dado. Algunos hermanos andalusíes gritan con euforia que debemos orar a Alá para agradescerle la llegada de Al Murabitun, pero otros reçelan, pues el pueblo es el perjudicado quando los sennores guerrean. Los Christianos están enfervorecidos, et algunos nos acusan de haber traído su perdición con nuestras plegarias.

Cerca de la ecclesia de las campanas he visto al buen Muntassir recostado en el suelo, auxiliado por sus fillas. Se ha peleado con Rabah, el médico. Según me han contado, Rabah estaba proclamando que debíamos unirnos para expulsar nosotros mesmos a los Christianos et que los guerreros Al Murabitun nos vean con buenos ojos. Muntassir le reprochó que el propio Rabah fue uno de los primeros en rescebir a los Christianos, et cantar sus alabanzas. Dejé al carpintero en su casa reponiéndose de las feridas fechas por el médico.

La cena

mujer_andalusi‘Aadila está preocupada. Han pasado unos días desde los primeros problemas, et el ambiente se ha calmado un poco, pero non puede ocultar su nerviosismo. Intento mostrar tranquilidad, et comportarme como de costumbre, pero non es fáçil. Respiro aliviado quando puedo estar un momento a solas para non esforçarme en ocultar mis propias cavilaciones. Me dan igual los Christianos, Al Murabitun o el Rey Alfonsso: lo que me preocupa es la seguridad de mi familia. Sólo a ellos soy leal, et sólo por ellos lucharía llegado el momento. Mientras tanto, he de ser la roca en que se apoyen, pues de mí esperan consuelo.

Durante la cena, ‘Aadila ha comentado que la familia de nuestro vecino Yuçef va a marcharse de Qusubra. Lo ha dicho sin darle importancia, como si fuera algo casual, pero sé que en el fondo sus palabras esconden una súplica. “Non sabemos si vienen hacia acá”, le he dicho, pero dudo que mis ojos hayan podido disimular la certeça. Qusubra está en una açequia que llega a Tulaytulah, et los guerreros Al Murabitun son un torrente de agua que terminará por arrastrarnos en su camino.

El mensajero

caballoVolvía del campo cuando he visto gran alboroto por las calles.  Paresçe que un mensajero del rey Alfonsso ha llegado desde Tulaytulah, aunque al prinçipio hubo confusión. El reçién llegado deçía venir desde Toletho, et el pobre bruto que le rescibió no sabía que ese es el nome chistiano de Tulaytulah et le anunçió como llegado de algún reino lexano et misterioso. Una vez aclarado el asunto, et según me ha confiado Tawfiq, el mensajero departió con el Cadí. Paresce que Alfonsso non está seguro de si Al Murabitun pasarán por Qusubra (¡Alabado sea el Profeta!), aunque sigue siendo una possibilidad. Ha recomendado fortaleçer las defensas et preparar puestos avançados para detectar los planes de Muhammad ibn al Havy, que marcha a su frente.

La visita del mensajero ha despertado toda clase de rumores, et el ambiente es tenso de nuevo. La gente diçe agora que van a confiscarnos las cosechas para alimentar exércitos, et algún insensato afirma haber oído que habrá leva de campesinos et nosotros, pobres siervos, habremos de portar armas contra guerreros.