Diego Rodríguez

entrenamientoVarios días façen ya desde que estoy en el castiello. Mi mujer et mi filla quedaron destroçadas quando supieron lo que habemos de façer para salvar a Habîb, pero creo que ‘Aadila ha comprendido la situación, et en el fondo sabe que Asad estará más seguro en el castiello que en Qusubra. En el fonsado somos varios los auxiliares que entrenamos con la lança, et algunos pastores con honda. Non todos somos de Qusubra, et hay varios que non conosco que habrán llegado con el exército. Normalmente entreno con un christiano forastero que se face llamar Garcés. Es poco fablador, et paresçe demasiado bien adiestrado para ser un simple villano. Hoy non pude contenerme más, et le fice ver lo extraño de su destreza. Reaccionó violentamente, me tiró al suelo et me dixo: “Tú non sabes nada sobre mí o sobre la guerra. Si quieres sobrevivir et abraçar de nuevo a tu familia te ayudaré, pero non fagas más preguntas”.

Día a día llegan más omes de diferentes lugares. Façe poco llegó un tal Diego Rodríguez junto a un exército. Al paresçer es el fillo de un gran guerrero caído en desgraçia al que llaman el Sidi. Creo haber escuchado ya ese nome et algunas de sus façañas, pero es difícil diferençiar rumores de fechos. Mientras tanto, mi fillo Asad se pasea por los barracones fablando con unos et con otros en la lengua de los rumíes. Paresce ajeno a su situaçión de rehén.

Velos negros

frenteleones¿Alguna vez escuchaste los ecos de los truenos retumbar entre las montañas? Ansí suenan los tambores de Al Murabitun. Façe tiempo que parescemos vivir dentro de una fragua, con el calor del mes de Ramadán et el retumbar inçesante de los tambores. Hoy nos han fecho formar a filas. Creo que vamos a combatir. Algunos auxiliares christianos de la zona no paresçen contentos de que haya musulmanes a su lado, aunque más tengo en común con ellos que con unos omes extrannos venidos de más allá del mar. Iba a despedirme de mi fillo pequenno (non me permitieron fablar con el mayor) quando un guerrero christiano enorme, calvo et con pocas luçes me ha detenido. ¡El muy canalla non tiene entendederas suficientes para ver que mi fillo es rehén et non soldado! Non me permite fablar con su alférez, et amenaçándonos con su espada nos obliga a marchar en formaçión. Mi pobre fillo está aterrado. Murmulla una et otra vez “Non volo morire”. Non es lo mismo querer ser guerrero que verse en situaçión de lidiar. Trato de consolarle mientras miro de reojo a nuestros escoltas. A la menor ocasión trataré de que se escabulla.

Llegamos al campo de batalla. A los costados se extiende una enorme mancha de guerreros con velos negros sólo interrumpida por una nota de color en el centro. Me comentan que esos son auxiliares andalusís, tal et como soy yo. Comiença de nuevo una tormenta con truenos pero sin relámpagos. Esos tambores van a volverme loco. En nuestro lado, la magnífica caballería christiana está lista para cargar antes de que nosotros, la chusma que fará de muro de carne, resciba la orden de avançar. Trato de mantenerme junto a mi fillo, pero los auxiliares están nerviosos et se mueven, le alejan de mí, le pierdo de vista… ¡Espera, Asad!

Las estrellas (epílogo)

Abro los ojos et veo las estrellas. Despierto tumbado al raso et tardo unos instantes en recordar dónde estoy et qué ha pasado. La batalla ha terminado. Comiença a dolerme et el brazo et veo una flecha clavada en él. Consigo romperla, trato de incorporarme con cuidado, pero caigo al suelo. La cabeça me va a estallar, pero tengo que encontrar a Asad. Camino arrastrándome entre los muertos. Non se escucha nada et tan sólo paresçe haber pequennos grupos buscando entre los cuerpos. Sin ser visto me aproximo al lugar donde debería estar Asad. Non le encuentro et las lágrimas asoman a mis ollos. Escucho un gemido, más non veo nada. Por fin veo la cara sucia de mi pequenno Asad debajo de un bulto. Consigo mantener la calma et continúo arrastrándome. ¡Está vivo! Trato de sacarle de debajo del bulto. Entonces me doy cuenta de que se trata de un home que pareçe vestir un manto judío. Debió abraçar a mi pequenno para protegerle con su cuerpo. Yace tendido, rodeado de lo que paresçen pergaminos. Doy graçias en silencio a Dios et a aqueste desconoçido por salvar a mi pequenno. Paresce que mi fillo está bien, pero está aturdido et en silencio. Le subo a mi espalda et sigo arrastrándome. Non sé ni me importa cómo terminó la batalla. Mi mente está fixada en un sólo pensamiento: tengo que llegar a casa donde mi mujer et mi filla esperan desconsoladas.

Miro por última vez el campo de batalla. Alguien se ha açercado al mirar al judío que salvó a mi fillo. Será una aluçinación, pero me paresçe que es Dominico, el Tendero, quien rebusca entre las ropas del muerto. Non está recogiendo joyas ni alhajas. Está… recogiendo los pergaminos que había desperdigados por el suelo. Expulso este extranno pensamiento de mi mente et miro adelante. Es hora de volver a casa.

García Ordóñez

zocoEl Cadí ha dado la enésima fiesta para rescibir al enésimo gran invitado que llega a Qusubra. En esta ocasión se trata de Garçía Ordónnez, et paresce ser muy amado por el Rey Alfonsso. Non me atrevo a pensarlo, pero si el rey nos ha enviado a su amigo será para preparar el terreno antes de una batalla. Non he podido verlo en persona, más se comenta que es un home autoritario que sabe lo que quiere, aunque dexa a sus instintos que le guíen con demasiada frecuençia. Como digo, non le he visto, pero el açeite de mis olivas non faltará en su mesa. Los “gestos de buena voluntad” que nos pide el Cadí comiençan a ser demasiado numerosos, et non quiero pensar qué nos pedirá en el caso de que el mismísimo rey deçidiera darse una vuelta por Qusubra.

Se ven más soldados por el zoco. Todos son igual de ruidosos et alegres, et es difícil distinguirlos por su grande número. Ya ha habido problemas con alevosos que han tratado de escabullirse sin pagar. Non soy home confiado, et he pedido a mi esposa et mi filla que permanescan en casa et non salgan solas. Mis dos fillos mayores se encargarán, muy a su pesar, de recados et otros menesteres.

Las banderas

castilloCon grande extrañeza he visto que las banderas del castiello han sido içadas. La última vez que suçedio algo semejante fue tras la toma de posesión del fonsado en nome del Rey. Camino por las calles polvorientas de Qusubra observando su aspecto desolador. Non hay gente por las calles, los negocios de artesanos están cerrados. Antes de llegar a la orilla del río encuentro una patrulla de soldados christianos mirándome con la misma sorpresa que yo les miro. Creo que me dan el alto et piden que les acompanne. Non entiendo nada, non hablan nuestra lengua ni yo la suya. Non llevan castiellos o leones en sus armas, sinon cruçés et una especie de copa.

Trato de explicarles quién soy et mi situaçión pero non entienden nada de lo que digo. Por su tono parescen responder a mis preguntas con otras preguntas. Caminamos un rato con dirección al castiello. De pronto escucho un murmullo que va crescendo et a la vuelta de una curva, en la explanada de la cantera veo a todo el pueblo reunido, rodeado por soldados. Mis “captores” me llevan con mis paisanos sin deçir una palabra. Escucho mi nome et miro para atrás ¡Es Dominico! Consigo açercarme a él et le pregunto qué sucede. ¿Non lo sabes? -responde- Las banderas están içadas porque nuestro señor Alfonso, Rey de Toletho, León, Castiella et Galiza ha venido a Cossocra ¡Nos han traído aquí para rescibirle!

La revuelta

Façen varios días que non se permite a los musulmanes salir de casa. Ya començó el Ramadán, ansí que es fáçil en cierto modo. Tal vez escribir me ayude a despejar la mente. Un grupo de desesperados, comandados por Rabah el médico se rebelaron contra los Christianos diçiendo que más nos valdría unirnos a Al Murabitun en lugar de aguantar las insolencias de los rumíes que nos piden “gestos de buena voluntad” constantemente, et más aún agora que el Rey se encuentra en el castiello. La revuelta fracasó rápidamente et non creo que sea recordada. El necio de Habîb, mi fillo mayor, estaba con ellos. Es imposible describir la pesadumbre que me embarga al pensar cómo pudo paresçerle una buena idea levantarse a la desesperada contra homes armados. Seguramente sea culpa mía, pues consejo acertado o tan sólo las palabras adecuadas le hobieran fecho pensar de otro modo. Tawfiq, a través de Dominico, me ha dicho que está bien, pero prisionero en el castiello junto a otros miembros de la revuelta. Paresce que Rabah pudo fujir, aunque otros cabeçillas han sido executados.

Yo ignoraba por completo los planes de los rebeldes. Habría rechaçado qualquier invitación a unirme a ellos, et incluso habría tratado de façerles desistir. Aún ansí, non puedo dexar de sentir una punçada en mi orgullo por haber sido dexado de lado. Mientras tanto espero noticias de Tawfiq, que interçede en mi nome ante los christianos para tratar de liberar a mi fillo.

saqueo

De buena voluntad

soldado_niñoEstoy lívido de ira aunque trato de disimular mi indigaçión et fingir que todo saldrá bien. Un alférez christiano vino a mi casa para fablar sobre la situación de mi fllo Habîb. Pedí a mi esposa et fillos que nos dexaran solos. Paresce ser que el rey Alfonsso duda de la lealtad de los andalusís de Qusubra tras la revuelta et pretende mantenernos controlados ante la inminente batalla. Diçe que le han fablado bien de mi familia, et que Habîb seguramente se dexó llevar por su iuventud. Aún ansí, me ha pedido un gesto “de buena voluntad” para mostrar nuestra lealtad. “Non nos queda nada. Ya hemos entregado nuestras cosechas et pasaremos hambre este invierno”. ”Non es esa buena voluntad a la que me refiero” dixo el alférez. “Nuestro sennor nesçesita auxiliares, et toda ayuda es poca para combatir al enemigo”. Me está pidiendo que luche junto a ellos para demostrar que non soy traidor. Yo que nunca he sido alevoso nin mentí. Yo que fui funçionario et agora cultivo los campos… mas non hay otro remedio, et si quiero volver a abraçar a mi fillo, he de açeptar.

Mientras salía observó a mi fillo Asad, que esperaba fuera de casa, et añadió: “Una cosa más, queremos estar seguros de tu lealtad a nuestro sennor, et será prudente que tu otro fillo nos acompanne para evitarte ideas alevosas”. En vez de abrir su cabeça ahí mesmo, me sorprendí a mí mesmo diçiendo: “Pero sennor, sólo tiene 13 annos”. “Tranquilo, él non lidiará ni rescibirá danno alguno: tan sólo nesçesitamos que sea nuestro huésped antes de la batalla. De todas formas estará más seguro en el castiello que en el pueblo cuando vengan los Almorávides”. Un fillo prisionero. el otro rehén, et yo guerrero a la fuerza. Non me queda otra opçión que açeptar  esta afrenta para proteger a los míos.

-“¿Jurais non reçelar de lidiar para defender a nuestro sennor Alfonso VI?”

-”¡De buena voluntad!”, exclamé con media sonrisa.

La carta

saqueo_almHe resçibido carta de mi hermano Yahya. Llevaba tiempo sin tener noticias suyas, et aunque me alegro de saber de él, las nuevas non son buenas. Al parescer, los rumores sobre el regreso de los guerreros llamados Al Murabitun son ciertos. Han vuelto a Al Andalus entonando cánticos de Yihad, han entrado en Qurtuba et marchan haçia el norte façiendo retumbar el suelo con el sonido de sus tambores. En Qurtuba requisaron todas las armas de la ferrería del pobre Yahya et le obligan a acompañarles como auxiliar, aunque insiste en que le tratan bien.

Me he visto en la obligación de comunicar al conçejo el contenido de la misiva, pero tan sólo pude fablar con mi viejo maestro Tawfiq, cuyos años parescen respetar los Christianos, pues aún permanesce en su puesto.

La pelea

medicosVolví a fablar con Tawfiq quien me ha confiado que el Cadí ya estaba al corriente de la marcha de Al Murabitun et espera instruçiones desde Tulaytulah, que seguramente sea su objetivo. De ser ansí, Qusubra estaría en su camino. Las noticias han corrido como un lebrel et la gente está alborotada. Los representantes religiosos de Christianos, Musulmanes et Judíos tratan de calmar al pueblo, pero los primeros roçes ya se han dado. Algunos hermanos andalusíes gritan con euforia que debemos orar a Alá para agradescerle la llegada de Al Murabitun, pero otros reçelan, pues el pueblo es el perjudicado quando los sennores guerrean. Los Christianos están enfervorecidos, et algunos nos acusan de haber traído su perdición con nuestras plegarias.

Cerca de la ecclesia de las campanas he visto al buen Muntassir recostado en el suelo, auxiliado por sus fillas. Se ha peleado con Rabah, el médico. Según me han contado, Rabah estaba proclamando que debíamos unirnos para expulsar nosotros mesmos a los Christianos et que los guerreros Al Murabitun nos vean con buenos ojos. Muntassir le reprochó que el propio Rabah fue uno de los primeros en rescebir a los Christianos, et cantar sus alabanzas. Dejé al carpintero en su casa reponiéndose de las feridas fechas por el médico.

La cena

mujer_andalusi‘Aadila está preocupada. Han pasado unos días desde los primeros problemas, et el ambiente se ha calmado un poco, pero non puede ocultar su nerviosismo. Intento mostrar tranquilidad, et comportarme como de costumbre, pero non es fáçil. Respiro aliviado quando puedo estar un momento a solas para non esforçarme en ocultar mis propias cavilaciones. Me dan igual los Christianos, Al Murabitun o el Rey Alfonsso: lo que me preocupa es la seguridad de mi familia. Sólo a ellos soy leal, et sólo por ellos lucharía llegado el momento. Mientras tanto, he de ser la roca en que se apoyen, pues de mí esperan consuelo.

Durante la cena, ‘Aadila ha comentado que la familia de nuestro vecino Yuçef va a marcharse de Qusubra. Lo ha dicho sin darle importancia, como si fuera algo casual, pero sé que en el fondo sus palabras esconden una súplica. “Non sabemos si vienen hacia acá”, le he dicho, pero dudo que mis ojos hayan podido disimular la certeça. Qusubra está en una açequia que llega a Tulaytulah, et los guerreros Al Murabitun son un torrente de agua que terminará por arrastrarnos en su camino.