Crónica XIV

tropa

Las burlas me resultan irritantes. Al parescer non toman en serio las pretensiones de un joven et un mutilado de unirse a la tropa. Creo que habremos de ganarnos ese honor. Nos han dado un trozo de carne asada, un mendrugo et vino aguado, et el consejo de que regresemos a nuestra casa. «¡Vengo a ganarme el derecho a tener mis tierras!», ha sido mi respuesta, con un vozarrón que non sé de dónde me ha salido, pero que ha sorprendido a escuderos et caballeros que nos acompañan.

Crónica XXV

ataque

«Non tienes por qué venir conmigo, si non lo deseas», me ha dicho Diego, pero siento que mi destino está unido al suyo et non pienso separarme de él. La decisión de Don Rodrigo está tomada. El grueso de sus tropas se quedará en Valencia, bajo su mando, et trescientos de sus mejores caballeros, al mando de su hijo, partirán hacia Conssogra, ciudad amurallada et con una poderosa fortaleza en la que ya se están concentrando las huestes castellanas et leonesas.

Es la primera vez que me separo de Bermudo, pero el Cid ha sido tajante: «Te necesito aquí, adiestrando a mis hombres». Al despedirme de él he notado  brillo en sus ojos et  temblor en sus palabras. Me ha abrazado con fuerza,  como un padre al hijo que parte a un destino incierto.

Crónica XV

reto

Un corro de gritos et carcajadas nos rodea. Nuestros adversarios nos miran con desprecio, dispuestos a dar un buen escarmientos a aqueste par de insolentes. El primer ataque ha ido contra Bermudo que, ante el asombro de los espectadores,  ha fecho una finta et, non sé cómo, ha colocado el cuello de su adversario entre el suelo et su espada. El otro caballero, más prudente, me ha observado con precaución et lanzado algunos golpes de tanteo, seguidos de una serie interminable que he ido parando cada vez con menos fuerza. Cuando ya me veía perdido, ha soltado espada et escudo et me ha abrazado, mientras gritaba: «¡Bravo por el muchacho! Al menos sabe defenderse»

Crónica XXVI

castillo

Las murallas de Conssogra son imponentes. Bordean toda la ciudad, que se encuentra entre un río  con aguas escasas en aqueste mes de agosto et un montículo coronado con una gran muralla que protege un castiello enorme, inexpugnable diría yo. Sus callejuelas, estrechas et llenas de una mezcla de caballeros, escuderos, siervos, campesinos, mercaderes, clérigos, homes con turbantes et mulieres con velo. Carruajes tirados por burros confluyen en una amplia plaza en la que los vendedores vociferan sus productos. En sus numerosas tabernas corre el vino et algunas damiselas alegran la vida de nobles et rufianes.

Crónica XVI

arrabales

Las tiendas se apiñan junto al arrabal, do viven los caballeros más veteranos en casuchas medio derruidas.  Unas quince personas, entre caballeros et escuderos, nos amontonamos con nuestras escasas pertenencias bajo una jaima oscura, sin duda  botín de alguna batalla. Desde aquí veo las murallas de Valençia, tras las que se encuentra nuestro nuevo señor, Rodrigo Díaz de Vivar. «Mañana le conocerás», me ha prometido Bermudo, henchido de orgullo. «Se alegrará de verte».

Crónica XVII

calles

Caminamos inmersos en una auténtica riada de gestes de todas clases: guerreros, comerciantes, mendigos, mujeres con el rostro cubierto…  Non  puedo evitar cierto mareo al querer descubrir todos los rostros. Finalmente hemos llegado a la alcazaba; Bermudo me ha fecho esperar mientras se perdía tras sus muros. Ha vuelto acompañado de dos caballeros et todos nos hemos dirigido a un amplio salón, decorado con tapices. En el centro, de pie, acompañado de un joven de mi edad, una figura que emana autoridad, examina unos pergaminos extendidos sobre la mesa. «¡Bermudo!»  ha exclamado levantando los brazos et viniendo hacia nosotros. «¡Santo Dios, non creí volver a verte!»

Crónica VII

manco

-¿Me esperabas?
-Estaba seguro de que vendrías. Ciñe tu espada, monta et cabalguemos
-¿En qué dirección?
-Hay en Valencia un infanzón que fue desterrado por el rey. Muchos homes sin más bienes que sus armas se han unido a él. Espero que en su hueste haya sitio para un viejo mutilado et un joven fogoso. 

Mi corazón latía con tal fuerza que pugnaba por salirse por la boca, tal era el júbilo que me embargaba et los caballos, contagiados de nuestro entusiasmo, han iniciado un trote veloz hacia las primeras luces del alba. 

Crónica XVIII

caballeros

Mientras Don Rodrigo et Bermudo rememoran viejas batallas, Diego, pues ansí se llama el joven que estaba con El Cid, et yo hemos salido de la estancia et paseamos por la barbacana. Según me cuenta se está preparando una algara por las tierras circundantes, pues ya es en invierno  et, si bien contamos con provisiones para dos meses, los almorávides acechan. Va a ser su primera salida desde que fue armado caballero. Al oírle no he tenido más remedio que confesarle que yo aún non he sido investido. «Fablaré con mi padre et  en unos días cabalgaremos juntos como caballeros».

Crónica VIII

moncayo

 Día a día descubro nuevas tierras. Hemos dexado a nuestra espalda el Monte Cayo et nos adentramos en un territorio que, según afirma Bermudo, puede resultar peligroso. A partir de agora evitaremos los caminos et los poblados. Al parescer las gentes que habitan las aldeas son pacíficas, pero los montes están plagados de ladrones et asesinos, por lo que podrían tomarnos por tales et apresarnos. Non encendemos fuego por la noche, por lo que non sé si temo más a los bandidos o a los lobos.

Crónica XIX

investidura

La ceremonia ha sido breve et emotiva. Bermudo et Diego me han puesto las espuelas et don Rodrigo me ha tomado el juramento.  Sus palabras al abrazarme han fecho latir mi corazón con fuerza et sentirme orgulloso de mi padre. «Sé noble et valiente, et fiel a tu señor natural. Defiende al oprimido et no humilles al vencido. Sigue el exemplo de tu padre, el mejor caballero que ha peleado junto a mí». Una espada magnífica et un escudo con el emblema de mi casa han sido su espléndido regalo.