Destino Consuegra

    La anterior euforia de nuestra marcha se ha apagado en cuanto hemos sabido que los cristianos se han hecho fuertes en el castillo de la ciudad de Qusubra. Según cuentan los exploradores, el castillo se levanta sobre una colina et sólo existe un camino de acceso, que por supuesto está fuertemente defendido. No parecen abundar los árboles de tamaño adecuado en estas regiones, por lo que no podremos construir las máquinas de asedio apropiadas. Algunas tropas han sido enviadas para buscar los materiales necesarios en las sierras próximas, pero su traslado será lento et penoso.

    Aun construyendo ingenios de asedio, no creo que dispongamos de víveres suficientes para mantener un cerco prolongado, et dependeríamos exclusivamente de unas rutas de abastecimiento difíciles de proteger en la vasta llanura de Al Manxa. No sabemos de cuántas tropas o provisiones disponen los leoneses, et es poco probable que sean de nuevo tan estúpidos como para abandonar la protección de unos muros et lanzarse a la batalla en campo abierto.

    Mañana llegaremos a Qusubra. Hemos pasado junto a los restos de una construcción que los guías llaman “la presa”, aunque por su baja altura et longitud parece un viejo muro.

Yaqub ibn al-Hadar

Estanques Romanos, Consuegra

Al Ándalus en 1097. Los almorávides han acampado en Consuegra.

    Hemos acampado en un vergel próximo a Qusubra. En la zona de saliente mana una fuente de agua fresca et transparente que discurre por la almofalla et llena un gran estanque. Enormes árboles, repletos de pájaros, nos cobijan bajo su sombra, et según paresce hay abundancia de caza.  A pesar de encontrarnos en un pequeño bosque, los expertos dicen necesitar otro tipo de madera para construir la maquinaria de asedio. Afortunadamente, esperar el regreso de los ingenieros será bastante llevadero a pesar del calor.

    Desde mi jaima tengo buena visión de la posición de los infieles. Es una colina alargada, de poca altura, rodeada por una muralla exterior et un castillo en su centro. Una de las torres está coronada por los estandartes reales, así que sabemos con certeza que el Rey se haya refugiado en su interior. Los soldados permanecen acampados en el recinto formado entre los muros del propio castillo et la muralla externa. Rachid cree que no debe de haber pozos en el castillo, et seguramente los rumíes dependerán de agua de lluvia almacenada en aljibes.

    A diario llegan gentes de la ciudad suplicándonos comida. La rapiña de los rumíes ha dejado sin alimentos a estos infelices. Todos parecen musulmanes, aunque la fortaleza esté en manos de los bárbaros. Supongo que las familias principales se habrán refugiado en el castillo tras sobornar a los castellanos. Nos han contado que Qusubra, junto a otras plazas, fue parte de la dote de la princesa Zaida, entregada por el Rey Al-Mutamid de Isbiliya para comprar la protección del Rey Alfonso. Una princesa andalusí entregada como concubina, que renuncia a la verdadera fe, et non se quita la vida antes de yacer con un rey cristiano. He oído que hará tres o cuatro años dio a luz a un hijo que Alfonso legitimó como su heredero. No me interesan las estorias cortesanas de los rumíes, pero es curioso que Dios haya negado al Rey un hijo varón, matrimonio tras matrimonio, hasta que una princesa andalusí se lo ha dado.

Yaqub ibn al-Hadar

Sevilla (almofalla)

dentroalmofaya    Al regresar a la almofalla, tras cumplir mis obligaciones, me he encontrado a Rachid hablando con un anciano. Sus ropas, et lo cansado de su aspecto, no me permiten adivinar su condición, origen, ni credo. Rachid le trata con veneración, como a un viejo conocido. No me he atrevido a facer preguntas impertinentes et me he limitado a escuchar.

    En un corro formado por mis compañeros et otros guerreros jóvenes, el anciano nos ha relatado cómo tuvo lugar la petición de ayuda de los Reyes Taifas a Yusuf. La mayoría cosnocemos la estoria, pero su forma de narrarla nos facía ver la escena ante de nosotros, como si fuéramos testigos della. Nos has contado cómo los Reyes Taifas renunciaron al pecado et aceptaron luchar bajo la bandera de los buenos creyentes para expulsar a los cristianos. Ha hablado de los representantes de los Reinos Andalusíes,que llegaron cargados de oro et regalos, et vestidos como califas et se humillaron ante un hombre cuyo único lujo era el cumplimiento estricto de la Ley del Corán, trasmitida por Dios al Profeta.

    Cuando ha concluido su estoria, el hombre sabio se ha despedido. No llegué a entender una especie de proverbio que repetía una et otra vez, pero como todos parecían cosnocerlo no me atreví a preguntar. Mañana partiremos hacia Márida.

Yaqub ibn al-Hadar

Almofalla de Consuegra

cuestaalmoravides

    Se ha producido un gran revuelo en el campamento. La actividad en las posiciones enemigas indica que desean presentar batalla. Rachid no cabe en sí de su asombro. Mientras façía guardia en la jaima de nuestro general ha escuchado su plan de batalla. Si vuelven a atacar en tromba, “como la otra vez”, la victoria es segura. Estamos eufóricos ya que además face pocos días  comenzó el Ramadán et todos nos sentimos preparados para la lucha. Estamos seguros de que Dios ha dispuesto todo para que acabemos con sus enemigos. Está con nosotros et no desperdiciaremos esta oportunidad que nos brinda.

     Los ingenieros aún no han regresado, et tememos por sus vidas. Si no aniquilamos a los cristianos durante la batalla et consiguen refugiarse de nuevo, nos será imposible mantener un cerco duradero. Se escuchan rumores de que Rudriq de Vivar viene hacia nosotros et que su hijo ha llegado ya al mando de trescientos fanáticos. Además, parece que el rey Pedro de Aragón cabalga desde el Norte con sus tropas. Quedar atrapados entre dos exércitos, sin fortaleza donde guarecernos, sería nuestra perdición.

    El calor et los mosquitos me despertaron avanzada la noche. Decidí dar un paseo entre las jaimas cuando di por imposible dormir algo más antes del Fayr. Pude ver a unos sinhayas escoltando a dos hombres hasta la jaima de un oficial, aunque no parecían ser llevados por la fuerza. Vestían largas túnicas pardas et llevaban cubierto el rostro, así que no pude identificar su origen. Tal vez Dios ha sembrado la traición en el corazón de los cristianos para que nos den alguna ventaja en el combate, aunque con casi total seguridad tan sólo se trate de dos de nuestros espías regresando para dar su informe.

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Mérida

Al Ándalus en 1097. Yaqub marcha hacia Mérida atravesando la antigua Taifa de Badajoz.    Atravesamos las tierras de lo que fue la Taifa de Batalyaws siguiendo la antigua vía Rumí de Emérita Augusta, o lo que queda de ella. La mayor parte no es más que tierra aplastada, pero en algunos puntos aún queda parte del suelo enlosado. Contemplar obras que han permanecido durante tantos siglos, fruto de un gran Imperio que doblegó el mundo, me face reflexionar sobre si nuestra obra correrá la misma suerte.

    El Imperio de Al-Murabitun se extiende al sur hasta las tierras de Sanghana, donde la piel de los hommes es del color de nuestras ropas, hasta la mitad de Al Ándalus al norte, et sigue el recorrido del Sol desde Aljazair en Levante, bordeando el Sáhara, hasta el océano en poniente. Falta tiempo aún para que podamos igualarnos con Roma, pero la gloria de Roma duró mil annos mientras que nuestra estoria comenzó hace apenas cincuenta.

    La desgracia de Roma vino por la inestabilidad religiosa et las luchas por el poder et el lujo. Nuestra fuerza reside precisamente en la unión bajo la bandera de la fe, así que no tenemos el problema de la inestabilidad. Por otro lado, nuestro emir no tiene más lujos ni riquezas que cualquier soldado, por lo que no hay peligro de que el ansia de riquezas nuble el entendimiento de un general con prestigio.

Yaqub ibn al-Hadar

Vísperas de la Batalla, Consuegra

arengaalmoravide

Todo está dispuesto. Ha llegado la hora de la gran batalla contra los rumíes et ya salimos a su encuentro. Hemos cumplido los preceptos del Ramadán con devoción et el Imán recorre las jaimas infundiendo valor et confianza a todos los guerreros. Sus llamadas a la Yihad inflaman nuestros corazones et nos llenan de fuerza.

Algunos andalusíes desean saltarse el ayuno antes de combatir, a cambio de pagar el kaffárah. No parecen haber aprendido de las advertencias de nuestro Emir: “Habéis olvidado los preceptos del Corán et sois esclavos del vicio et los placeres”. Su falta de fe será castigada combatiendo con las manos desnudas.

Debería estar nervioso. Será mi primer combate real, et sin embargo me envuelve una extraña calma. Esta será mi última anotación sea cual sea mi suerte. Acepto con humildad el destino que Dios haya dispuesto para mí, aunque sé con certeza que venceremos. La razón nos asiste et ha llegado la hora de glorificar a Dios por medio del acero. Pronto ondeará sobre el castillo de Qusubra el estandarte ajedrezado de Al-Murabitún. Pronto refrescaremos con sangre infiel la sed de nuestras espadas. Pronto alzaremos minaretes con los cuerpos de nuestros enemigos. Con la ayuda de Dios, venceremos ¡Allah Akbar!

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Mérida (2)

urbanoII  Desde el último día que escribí no he podido quitarme una idea de la cabeza: Roma. La mítica ciudad donde reside el hombre que rige el destino de los rumíes. La conquista de Roma, la joya de los cristianos, debe ser el objetivo final de nuestra Yihad. El día que la sangre del Papa riegue el suelo et nuestros imanes llamen a la oración sobre las cabezas de nuestros enemigos, se habrá cerrado el sello del Islam et habremos vencido a los infieles.

  Dios nos fabla a través de Mahoma et dice: “perseguidlos et matadlos allí donde los encontréis”, pero nunca hemos de empezar la contienda, sólo defendernos. Hoy mismo, miles de invasores  infieles marchan a través de Europa hacia Jerusalén, sedientos de sangre et ansiando profanar las Ciudades Santas. El codicioso Papa Urbano les ha mentido al llamarles a la guerra diciendo que Dios lo quiere et ha lanzado sus hordas contra nuestros hermanos en la fe. Los últimos informes cuentan que ya están a medio camino, en tierras del Basileus de Constantinopla.

  El momento de la Yihad ha llegado. Es hora de vencer al acero con el acero et limpiar la sangre con sangre. En Oriente, nuestros hermanos son débiles por estar enfrentados entre ellos. Tendremos que ser nosotros, los valientes Al-Murabitun, quienes venguemos esa infamia con la bendición de Dios, pero antes hemos de pacificar Al Ándalus.

Yaqub ibn al-Hadar

Consuegra, 16 de agosto

epilogo Han pasado algunas horas desde que el polvo levantado por el combate se posó en el suelo. Camino entre hileras de cadáveres entrelazados en un abrazo mortal. Poco a poco la euforia del combate se desvanece, et mi cuerpo me recuerda los golpes, rasguños, et horas que llevo ayunando.

Doy gracias a Dios porque hemos vencido. Mis hermanos celebran la victoria orando o dando vítores. Yo, sin embargo, permanezco en silencio, buscando caras conocidas entre los caídos. Hemos vencido, pero no hemos aniquilado a los rumíes. Se han refugiado en su castillo et agora desconozco nuestros planes. Hemos tenido muchas bajas et en estas tierras será imposible mantener un asedio duradero, menos aún si fuera cierto que dos exércitos vienen a auxiliar a los leoneses. Tan sólo podemos esperar órdenes de nuestros generales.

Entonces he visto, entre un montón de muertos, el rostro sereno del joven Yaqub. Una punzada de dolor me oprime el estómago et mis piernas pierden su fuerza al ver en el fango a aquel a quien quise como a un hijo, aunque me reconforte pensar que cabalga agora hacia el Paraíso. Finalmente no entraremos juntos en Tulaytulah, ni ayudaremos a Al-Zarqali a poner de nuevo en marcha su observatorio astronómico. Por mi parte, Dios me niega una vez más la misericordia de la muerte, et habré de cabalgar de nuevo bajo el estandarte de la Yihad para escapar de mis demonios.

Entre las pertenencias de Yaqub he encontrado el legajo de pergaminos donde tantas veces le vi garabatear. Creo que mi amigo estaría de acuerdo con que sea yo, Rachid Kintawi, quien ponga punto final al relato de su estoria. Así que aquí concluye el relato del viaje de Yaqub ibn al-Hadar, guerrero de Al-Murabitún, muerto en la Batalla de Qusubra en el mes de Ramadán del año 490 de la Hégira.

Rachid Kintawi

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Arrabales de Mérida

almofalla2    Mientras me dirigía a la zona de oración he reflexionado sobre cómo han cambiado nuestras almofallas desde que comenzó la campaña, siendo cada vez más grandes. No somos sólo guerreros los que poblamos la almofalla, sino que hay cocinas, armerías, talleres, zonas de oración, et de purificación cerca de las corrientes de agua. Hay tiendas  de cautivos et jaimas ornamentadas para las mujeres de los oficiales (más vigiladas incluso que donde se guardan los fondos de intendencia).

    Somos una ciudad viviente marchando bajo el sol al encuentro de nuestro destino. Las columnas que forma nuestra marcha son las jabalinas lanzadas por Dios al corazón de los infieles.

    No hemos podido entrar en la medina de Márida. El cadí de la ciudad ha preferido que el ejército quede fuera para evitar problemas con los andalusíes, que están bastante alterados. Posiblemente la hoguera formada con libros paganos extramuros tenga algo que ver. La prohibición de cruzar los muros me ha impedido visitar las antiguas ruinas que aún quedan tras sus murallas. Me consuela pensar que tendré ocasión de ver otro lugar de similar valor histórico. El hecho de encontrarnos aquí nos sugiere que no iremos hacia Saraqusta ni Balansia, et nuestro probable destino será Tulaytulah.

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Medellín

Al Ándalus en 1097. Yaqub marcha hacia Medellín antes de partir hacia Toledo.    Según me ha comentado un cocinero, por lo que ha oído fablar a varios jefes, la primera etapa de nuestro viaje a Tulaytulah será Madallín, donde nos uniremos con las tropas procedentes de Qurtuba. Desde ahí marcharemos al norte, bordeando las tierras de Al Manxa, donde según Rachid será difícil obtener suministros, pues los poblados son escasos et el calor del verano ha secado huertas et fuentes.

    Hoy me ha ayudado en el desempeño de mis obligaciones militares un auxiliar andalusí llamado Yahya. No hemos cruzado apenas palabra, aunque seguramente su curiosidad hacia mí sería tan grande como la mía hacia él. En algún momento me pareció advertir que me trataba con desdén forzado. Supongo que su desprecio se debe al convencimiento de que debe despreciarme, et nada de lo que yo pudiera facer o decir cambiaría la opinión que de mí tiene. A veces creo que los hijos de Al Ándalus eligen primero sus simpatías et antipatías para luego adaptar sus razonamientos a ellas.

Yaqub ibn al-Hadar