Vísperas de la Batalla, Consuegra

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Todo está dispuesto. Ha llegado la hora de la gran batalla contra los rumíes et ya salimos a su encuentro. Hemos cumplido los preceptos del Ramadán con devoción et el Imán recorre las jaimas infundiendo valor et confianza a todos los guerreros. Sus llamadas a la Yihad inflaman nuestros corazones et nos llenan de fuerza.

Algunos andalusíes desean saltarse el ayuno antes de combatir, a cambio de pagar el kaffárah. No parecen haber aprendido de las advertencias de nuestro Emir: “Habéis olvidado los preceptos del Corán et sois esclavos del vicio et los placeres”. Su falta de fe será castigada combatiendo con las manos desnudas.

Debería estar nervioso. Será mi primer combate real, et sin embargo me envuelve una extraña calma. Esta será mi última anotación sea cual sea mi suerte. Acepto con humildad el destino que Dios haya dispuesto para mí, aunque sé con certeza que venceremos. La razón nos asiste et ha llegado la hora de glorificar a Dios por medio del acero. Pronto ondeará sobre el castillo de Qusubra el estandarte ajedrezado de Al-Murabitún. Pronto refrescaremos con sangre infiel la sed de nuestras espadas. Pronto alzaremos minaretes con los cuerpos de nuestros enemigos. Con la ayuda de Dios, venceremos ¡Allah Akbar!

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Mérida (2)

urbanoII  Desde el último día que escribí no he podido quitarme una idea de la cabeza: Roma. La mítica ciudad donde reside el hombre que rige el destino de los rumíes. La conquista de Roma, la joya de los cristianos, debe ser el objetivo final de nuestra Yihad. El día que la sangre del Papa riegue el suelo et nuestros imanes llamen a la oración sobre las cabezas de nuestros enemigos, se habrá cerrado el sello del Islam et habremos vencido a los infieles.

  Dios nos fabla a través de Mahoma et dice: “perseguidlos et matadlos allí donde los encontréis”, pero nunca hemos de empezar la contienda, sólo defendernos. Hoy mismo, miles de invasores  infieles marchan a través de Europa hacia Jerusalén, sedientos de sangre et ansiando profanar las Ciudades Santas. El codicioso Papa Urbano les ha mentido al llamarles a la guerra diciendo que Dios lo quiere et ha lanzado sus hordas contra nuestros hermanos en la fe. Los últimos informes cuentan que ya están a medio camino, en tierras del Basileus de Constantinopla.

  El momento de la Yihad ha llegado. Es hora de vencer al acero con el acero et limpiar la sangre con sangre. En Oriente, nuestros hermanos son débiles por estar enfrentados entre ellos. Tendremos que ser nosotros, los valientes Al-Murabitun, quienes venguemos esa infamia con la bendición de Dios, pero antes hemos de pacificar Al Ándalus.

Yaqub ibn al-Hadar

Consuegra, 16 de agosto

epilogo Han pasado algunas horas desde que el polvo levantado por el combate se posó en el suelo. Camino entre hileras de cadáveres entrelazados en un abrazo mortal. Poco a poco la euforia del combate se desvanece, et mi cuerpo me recuerda los golpes, rasguños, et horas que llevo ayunando.

Doy gracias a Dios porque hemos vencido. Mis hermanos celebran la victoria orando o dando vítores. Yo, sin embargo, permanezco en silencio, buscando caras conocidas entre los caídos. Hemos vencido, pero no hemos aniquilado a los rumíes. Se han refugiado en su castillo et agora desconozco nuestros planes. Hemos tenido muchas bajas et en estas tierras será imposible mantener un asedio duradero, menos aún si fuera cierto que dos exércitos vienen a auxiliar a los leoneses. Tan sólo podemos esperar órdenes de nuestros generales.

Entonces he visto, entre un montón de muertos, el rostro sereno del joven Yaqub. Una punzada de dolor me oprime el estómago et mis piernas pierden su fuerza al ver en el fango a aquel a quien quise como a un hijo, aunque me reconforte pensar que cabalga agora hacia el Paraíso. Finalmente no entraremos juntos en Tulaytulah, ni ayudaremos a Al-Zarqali a poner de nuevo en marcha su observatorio astronómico. Por mi parte, Dios me niega una vez más la misericordia de la muerte, et habré de cabalgar de nuevo bajo el estandarte de la Yihad para escapar de mis demonios.

Entre las pertenencias de Yaqub he encontrado el legajo de pergaminos donde tantas veces le vi garabatear. Creo que mi amigo estaría de acuerdo con que sea yo, Rachid Kintawi, quien ponga punto final al relato de su estoria. Así que aquí concluye el relato del viaje de Yaqub ibn al-Hadar, guerrero de Al-Murabitún, muerto en la Batalla de Qusubra en el mes de Ramadán del año 490 de la Hégira.

Rachid Kintawi

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Arrabales de Mérida

almofalla2    Mientras me dirigía a la zona de oración he reflexionado sobre cómo han cambiado nuestras almofallas desde que comenzó la campaña, siendo cada vez más grandes. No somos sólo guerreros los que poblamos la almofalla, sino que hay cocinas, armerías, talleres, zonas de oración, et de purificación cerca de las corrientes de agua. Hay tiendas  de cautivos et jaimas ornamentadas para las mujeres de los oficiales (más vigiladas incluso que donde se guardan los fondos de intendencia).

    Somos una ciudad viviente marchando bajo el sol al encuentro de nuestro destino. Las columnas que forma nuestra marcha son las jabalinas lanzadas por Dios al corazón de los infieles.

    No hemos podido entrar en la medina de Márida. El cadí de la ciudad ha preferido que el ejército quede fuera para evitar problemas con los andalusíes, que están bastante alterados. Posiblemente la hoguera formada con libros paganos extramuros tenga algo que ver. La prohibición de cruzar los muros me ha impedido visitar las antiguas ruinas que aún quedan tras sus murallas. Me consuela pensar que tendré ocasión de ver otro lugar de similar valor histórico. El hecho de encontrarnos aquí nos sugiere que no iremos hacia Saraqusta ni Balansia, et nuestro probable destino será Tulaytulah.

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Medellín

Al Ándalus en 1097. Yaqub marcha hacia Medellín antes de partir hacia Toledo.    Según me ha comentado un cocinero, por lo que ha oído fablar a varios jefes, la primera etapa de nuestro viaje a Tulaytulah será Madallín, donde nos uniremos con las tropas procedentes de Qurtuba. Desde ahí marcharemos al norte, bordeando las tierras de Al Manxa, donde según Rachid será difícil obtener suministros, pues los poblados son escasos et el calor del verano ha secado huertas et fuentes.

    Hoy me ha ayudado en el desempeño de mis obligaciones militares un auxiliar andalusí llamado Yahya. No hemos cruzado apenas palabra, aunque seguramente su curiosidad hacia mí sería tan grande como la mía hacia él. En algún momento me pareció advertir que me trataba con desdén forzado. Supongo que su desprecio se debe al convencimiento de que debe despreciarme, et nada de lo que yo pudiera facer o decir cambiaría la opinión que de mí tiene. A veces creo que los hijos de Al Ándalus eligen primero sus simpatías et antipatías para luego adaptar sus razonamientos a ellas.

Yaqub ibn al-Hadar

Extramuros de Medellín

tambores    Tenemos que esperar unos días en Madallín hasta que llegue el resto de las tropas. Los guerreros están nerviosos, pues anhelan entrar en combate et no les permiten ir a la ciudad. La tensión contenida ya ha provocado alguna pelea que ha sido duramente castigada. Yo me distraigo paseando entre las tropas et viendo las mercancías que van entrando et saliendo. De vez en cuando me sorprendo imitando con los dedos el ritmo de las llamadas que ensayan mis hermanos con sus tambores. Están fabricados con piel tensada de los hipopótamos, unas enormes bestias cazadas en los confines del Imperio.

    Nuestro exército cuenta con miles de guerreros et muchas tropas auxiliares andalusíes, así que no entiendo la necesidad de adiestrar a cautivos et chusma para el combate. Uno de los grupos se negaba a entrenar et se ha producido una situación desagradable cuando el más altanero ha sido apaleado por ello. Todos los presentes le rogábamos que olvidara su orgullo, cogiera la maldita espada de madera et se pusiera en pie. Un oficial de bajo rango me ha dicho que son espías mozárabes que iban al Norte haciéndose pasar por peregrinos. Había también un cautivo, cristiano sin duda, que fingía no tener habilidades para el combate, pero su complexión et ademanes dicen lo contrario. Tal vez sea un desertor norteño que quiera pasar desapercibido.

Yaqub ibn al-Hadar

Dirección Toledo

ibnhavy     Por fin se ha reiniciado la marcha y caminamos ya hacia Tulaytulah. El motivo de nuestra acampada era esperar  de la llegada de más tropas al mando del mismísimo general Muhammad ibn al Havy, a cuyas órdenes estamos ahora. Es un hombre singular que ha ganado nuestro respeto con sus acciones et su diligencia en el deber. Definitivamente paresce que nuestro amado emir Yusuf ibn Tasufin se ha quedado en Qurtuba et no nos guiará en persona durante el combate.

    Trato de disimular mi impaciencia cuando fablo con Rachid. Desde que salimos de Márida ha dejado de contarme estorias sobre lo que vemos et tan sólo responde a preguntas directas. Seguramente considera mi excitación ante el combate como algo pueril, et eso me avergüenza. Cada hombre se enfrenta a la guerra et la muerte de forma diferente. Unos anhelan la gloria futura, otros rehuyen de los demonios del pasado.

    Pongo mi destino en manos de Dios, pues sólo Él nos guía et conoce nuestro fin. Si dispone que muera et sea llevado al Paraíso abrazaré con gozo su voluntad. Aun existiendo grandes posibilidades de sobrevivir al combatir en el bando de Dios, prefiero no imaginar cuál sería mi futuro más allá de la Yihad, pues no quiero desafiar los designios del Todopoderoso. No temo a la muerte, pues será para mayor gloria del Islam, ni temo al dolor, pues la fe me confortará. Desde que formo parte de los guerreros Al Murabitún he vivido de acuerdo con las leyes divinas. Mi vida anterior quedó atrás, et mi pasado fue enterrado bajo las dunas del desierto. Luchar en la Yihad limpiará sin duda cualquier pecado cometido durante mi anterior vida. Confío en mi mérito et en mi destino.

Yaqub ibn al-Hadar

Junto al Guadiana

Al Ándalus en 1097. Los almorávides esperan órdenes junto al Guadiana.     Llevamos dos días acampados al lado del Wadi-Anna sin apartarnos de la vía rumí de Tulaytulah. Nadie nos había dicho el motivo de la parada et los rumores ya comenzaban a inquietarnos. Unos decían que al estar a punto de comenzar el Ramadán hemos de esperar a que termine. Otros afirmaban que el perro Rudriq de Vivar marcha contra nosotros desde Balansia et que el General ibn Havy teme ser derrotado et espera refuerzos. Algunos incluso se atrevían a asegurar que nuestro señor Yusuf ha muerto et  esperamos a Alí ibn Yusuf para ponernos a sus órdenes.

     Afortunadamente Rachid ha roto su silencio et me ha contado la verdad. Al parescer nuestra parada se debe a un movimiento estratégico. Los leoneses de Alfonso han preferido salir a nuestro encuentro en vez de esperarnos en Tulaytulah et marchan hacia el sur. Rachid está eufórico. Dice que asediar Tulaytulah habría llevado meses o incluso años, et que una batalla en campo abierto puede ser ganada fácilmente por nuestros jinetes ligeros. Atravesar las secas tierras de Al-Manxa no debe ser un problema para nosotros, curtidos en las ardientes arenas del desierto, pero pobres de los  que se disponen a hacerlo cubiertos de hierro.

Yaqub ibn al-Hadar

La Mancha

almanxa

    Hemos dejado atrás la vía romana, los pastos verdes et los bosques. Ya no estamos en territorio seguro et podríamos encontrarnos con exploradores rumíes en cualquier momento. Marchamos con cautela, precedidos medio día de marcha por nuestros batidores. Nos dirigimos al Este atravesando Al Manxa, con la esperanza de atajar a los cristianos en campo abierto, aunque nadie cree que vayamos a tener tanta suerte.

    Se ha ido tomando posesión de las aldeas que encontrábamos sin que sus pobladores opusieran resistencia. Si bien les pedimos provisiones, siempre les dejamos lo suficiente para que no pasen hambre, lo que nos agradecen orando por nuestra victoria. Aun así no confío demasiado en la lealtad de estas gentes, acostumbradas a una autoridad lejana que tan sólo aparece de vez en cuando para pedir hombres et tributos. Supongo que no apoyan a un bando en concreto, et su auténtico anhelo es el fin de la guerra para conocer quién es el vencedor, pagarle los impuestos correspondientes, et ser dejados tranquilos.

    Face ya días que no vemos ninguna aldea que pueble esta tierra de nadie, árida et peligrosa, viéndonos obligados a racionar la comida. A veces olvido el peligro cuando dejo a mi vista perderse en la inmensidad de estos pardos horizontes. He contemplado desiertos, mares, ciudades et tupidos bosques, pero la despiadada monotonía de estos parajes invita como ninguna  a la reflexión et la melancolía. Es una tierra evocadora, bella a su manera.

Yaqub ibn al-Hadar

Destino Consuegra

    La anterior euforia de nuestra marcha se ha apagado en cuanto hemos sabido que los cristianos se han hecho fuertes en el castillo de la ciudad de Qusubra. Según cuentan los exploradores, el castillo se levanta sobre una colina et sólo existe un camino de acceso, que por supuesto está fuertemente defendido. No parecen abundar los árboles de tamaño adecuado en estas regiones, por lo que no podremos construir las máquinas de asedio apropiadas. Algunas tropas han sido enviadas para buscar los materiales necesarios en las sierras próximas, pero su traslado será lento et penoso.

    Aun construyendo ingenios de asedio, no creo que dispongamos de víveres suficientes para mantener un cerco prolongado, et dependeríamos exclusivamente de unas rutas de abastecimiento difíciles de proteger en la vasta llanura de Al Manxa. No sabemos de cuántas tropas o provisiones disponen los leoneses, et es poco probable que sean de nuevo tan estúpidos como para abandonar la protección de unos muros et lanzarse a la batalla en campo abierto.

    Mañana llegaremos a Qusubra. Hemos pasado junto a los restos de una construcción que los guías llaman “la presa”, aunque por su baja altura et longitud parece un viejo muro.

Yaqub ibn al-Hadar