Camino de Medellín

Al Ándalus en 1097. Yaqub marcha hacia Medellín antes de partir hacia Toledo.    Según me ha comentado un cocinero, por lo que ha oído fablar a varios jefes, la primera etapa de nuestro viaje a Tulaytulah será Madallín, donde nos uniremos con las tropas procedentes de Qurtuba. Desde ahí marcharemos al norte, bordeando las tierras de Al Manxa, donde según Rachid será difícil obtener suministros, pues los poblados son escasos et el calor del verano ha secado huertas et fuentes.

    Hoy me ha ayudado en el desempeño de mis obligaciones militares un auxiliar andalusí llamado Yahya. No hemos cruzado apenas palabra, aunque seguramente su curiosidad hacia mí sería tan grande como la mía hacia él. En algún momento me pareció advertir que me trataba con desdén forzado. Supongo que su desprecio se debe al convencimiento de que debe despreciarme, et nada de lo que yo pudiera facer o decir cambiaría la opinión que de mí tiene. A veces creo que los hijos de Al Ándalus eligen primero sus simpatías et antipatías para luego adaptar sus razonamientos a ellas.

Yaqub ibn al-Hadar

Extramuros de Medellín

tambores    Tenemos que esperar unos días en Madallín hasta que llegue el resto de las tropas. Los guerreros están nerviosos, pues anhelan entrar en combate et no les permiten ir a la ciudad. La tensión contenida ya ha provocado alguna pelea que ha sido duramente castigada. Yo me distraigo paseando entre las tropas et viendo las mercancías que van entrando et saliendo. De vez en cuando me sorprendo imitando con los dedos el ritmo de las llamadas que ensayan mis hermanos con sus tambores. Están fabricados con piel tensada de los hipopótamos, unas enormes bestias cazadas en los confines del Imperio.

    Nuestro exército cuenta con miles de guerreros et muchas tropas auxiliares andalusíes, así que no entiendo la necesidad de adiestrar a cautivos et chusma para el combate. Uno de los grupos se negaba a entrenar et se ha producido una situación desagradable cuando el más altanero ha sido apaleado por ello. Todos los presentes le rogábamos que olvidara su orgullo, cogiera la maldita espada de madera et se pusiera en pie. Un oficial de bajo rango me ha dicho que son espías mozárabes que iban al Norte haciéndose pasar por peregrinos. Había también un cautivo, cristiano sin duda, que fingía no tener habilidades para el combate, pero su complexión et ademanes dicen lo contrario. Tal vez sea un desertor norteño que quiera pasar desapercibido.

Yaqub ibn al-Hadar

Dirección Toledo

ibnhavy     Por fin se ha reiniciado la marcha y caminamos ya hacia Tulaytulah. El motivo de nuestra acampada era esperar  de la llegada de más tropas al mando del mismísimo general Muhammad ibn al Havy, a cuyas órdenes estamos ahora. Es un hombre singular que ha ganado nuestro respeto con sus acciones et su diligencia en el deber. Definitivamente paresce que nuestro amado emir Yusuf ibn Tasufin se ha quedado en Qurtuba et no nos guiará en persona durante el combate.

    Trato de disimular mi impaciencia cuando fablo con Rachid. Desde que salimos de Márida ha dejado de contarme estorias sobre lo que vemos et tan sólo responde a preguntas directas. Seguramente considera mi excitación ante el combate como algo pueril, et eso me avergüenza. Cada hombre se enfrenta a la guerra et la muerte de forma diferente. Unos anhelan la gloria futura, otros rehuyen de los demonios del pasado.

    Pongo mi destino en manos de Dios, pues sólo Él nos guía et conoce nuestro fin. Si dispone que muera et sea llevado al Paraíso abrazaré con gozo su voluntad. Aun existiendo grandes posibilidades de sobrevivir al combatir en el bando de Dios, prefiero no imaginar cuál sería mi futuro más allá de la Yihad, pues no quiero desafiar los designios del Todopoderoso. No temo a la muerte, pues será para mayor gloria del Islam, ni temo al dolor, pues la fe me confortará. Desde que formo parte de los guerreros Al Murabitún he vivido de acuerdo con las leyes divinas. Mi vida anterior quedó atrás, et mi pasado fue enterrado bajo las dunas del desierto. Luchar en la Yihad limpiará sin duda cualquier pecado cometido durante mi anterior vida. Confío en mi mérito et en mi destino.

Yaqub ibn al-Hadar

Junto al Guadiana

Al Ándalus en 1097. Los almorávides esperan órdenes junto al Guadiana.     Llevamos dos días acampados al lado del Wadi-Anna sin apartarnos de la vía rumí de Tulaytulah. Nadie nos había dicho el motivo de la parada et los rumores ya comenzaban a inquietarnos. Unos decían que al estar a punto de comenzar el Ramadán hemos de esperar a que termine. Otros afirmaban que el perro Rudriq de Vivar marcha contra nosotros desde Balansia et que el General ibn Havy teme ser derrotado et espera refuerzos. Algunos incluso se atrevían a asegurar que nuestro señor Yusuf ha muerto et  esperamos a Alí ibn Yusuf para ponernos a sus órdenes.

     Afortunadamente Rachid ha roto su silencio et me ha contado la verdad. Al parescer nuestra parada se debe a un movimiento estratégico. Los leoneses de Alfonso han preferido salir a nuestro encuentro en vez de esperarnos en Tulaytulah et marchan hacia el sur. Rachid está eufórico. Dice que asediar Tulaytulah habría llevado meses o incluso años, et que una batalla en campo abierto puede ser ganada fácilmente por nuestros jinetes ligeros. Atravesar las secas tierras de Al-Manxa no debe ser un problema para nosotros, curtidos en las ardientes arenas del desierto, pero pobres de los  que se disponen a hacerlo cubiertos de hierro.

Yaqub ibn al-Hadar

La Mancha

almanxa

    Hemos dejado atrás la vía romana, los pastos verdes et los bosques. Ya no estamos en territorio seguro et podríamos encontrarnos con exploradores rumíes en cualquier momento. Marchamos con cautela, precedidos medio día de marcha por nuestros batidores. Nos dirigimos al Este atravesando Al Manxa, con la esperanza de atajar a los cristianos en campo abierto, aunque nadie cree que vayamos a tener tanta suerte.

    Se ha ido tomando posesión de las aldeas que encontrábamos sin que sus pobladores opusieran resistencia. Si bien les pedimos provisiones, siempre les dejamos lo suficiente para que no pasen hambre, lo que nos agradecen orando por nuestra victoria. Aun así no confío demasiado en la lealtad de estas gentes, acostumbradas a una autoridad lejana que tan sólo aparece de vez en cuando para pedir hombres et tributos. Supongo que no apoyan a un bando en concreto, et su auténtico anhelo es el fin de la guerra para conocer quién es el vencedor, pagarle los impuestos correspondientes, et ser dejados tranquilos.

    Face ya días que no vemos ninguna aldea que pueble esta tierra de nadie, árida et peligrosa, viéndonos obligados a racionar la comida. A veces olvido el peligro cuando dejo a mi vista perderse en la inmensidad de estos pardos horizontes. He contemplado desiertos, mares, ciudades et tupidos bosques, pero la despiadada monotonía de estos parajes invita como ninguna  a la reflexión et la melancolía. Es una tierra evocadora, bella a su manera.

Yaqub ibn al-Hadar

Destino Consuegra

    La anterior euforia de nuestra marcha se ha apagado en cuanto hemos sabido que los cristianos se han hecho fuertes en el castillo de la ciudad de Qusubra. Según cuentan los exploradores, el castillo se levanta sobre una colina et sólo existe un camino de acceso, que por supuesto está fuertemente defendido. No parecen abundar los árboles de tamaño adecuado en estas regiones, por lo que no podremos construir las máquinas de asedio apropiadas. Algunas tropas han sido enviadas para buscar los materiales necesarios en las sierras próximas, pero su traslado será lento et penoso.

    Aun construyendo ingenios de asedio, no creo que dispongamos de víveres suficientes para mantener un cerco prolongado, et dependeríamos exclusivamente de unas rutas de abastecimiento difíciles de proteger en la vasta llanura de Al Manxa. No sabemos de cuántas tropas o provisiones disponen los leoneses, et es poco probable que sean de nuevo tan estúpidos como para abandonar la protección de unos muros et lanzarse a la batalla en campo abierto.

    Mañana llegaremos a Qusubra. Hemos pasado junto a los restos de una construcción que los guías llaman “la presa”, aunque por su baja altura et longitud parece un viejo muro.

Yaqub ibn al-Hadar

Estanques Romanos, Consuegra

Al Ándalus en 1097. Los almorávides han acampado en Consuegra.

    Hemos acampado en un vergel próximo a Qusubra. En la zona de saliente mana una fuente de agua fresca et transparente que discurre por la almofalla et llena un gran estanque. Enormes árboles, repletos de pájaros, nos cobijan bajo su sombra, et según paresce hay abundancia de caza.  A pesar de encontrarnos en un pequeño bosque, los expertos dicen necesitar otro tipo de madera para construir la maquinaria de asedio. Afortunadamente, esperar el regreso de los ingenieros será bastante llevadero a pesar del calor.

    Desde mi jaima tengo buena visión de la posición de los infieles. Es una colina alargada, de poca altura, rodeada por una muralla exterior et un castillo en su centro. Una de las torres está coronada por los estandartes reales, así que sabemos con certeza que el Rey se haya refugiado en su interior. Los soldados permanecen acampados en el recinto formado entre los muros del propio castillo et la muralla externa. Rachid cree que no debe de haber pozos en el castillo, et seguramente los rumíes dependerán de agua de lluvia almacenada en aljibes.

    A diario llegan gentes de la ciudad suplicándonos comida. La rapiña de los rumíes ha dejado sin alimentos a estos infelices. Todos parecen musulmanes, aunque la fortaleza esté en manos de los bárbaros. Supongo que las familias principales se habrán refugiado en el castillo tras sobornar a los castellanos. Nos han contado que Qusubra, junto a otras plazas, fue parte de la dote de la princesa Zaida, entregada por el Rey Al-Mutamid de Isbiliya para comprar la protección del Rey Alfonso. Una princesa andalusí entregada como concubina, que renuncia a la verdadera fe, et non se quita la vida antes de yacer con un rey cristiano. He oído que hará tres o cuatro años dio a luz a un hijo que Alfonso legitimó como su heredero. No me interesan las estorias cortesanas de los rumíes, pero es curioso que Dios haya negado al Rey un hijo varón, matrimonio tras matrimonio, hasta que una princesa andalusí se lo ha dado.

Yaqub ibn al-Hadar

Sevilla (almofalla)

dentroalmofaya    Al regresar a la almofalla, tras cumplir mis obligaciones, me he encontrado a Rachid hablando con un anciano. Sus ropas, et lo cansado de su aspecto, no me permiten adivinar su condición, origen, ni credo. Rachid le trata con veneración, como a un viejo conocido. No me he atrevido a facer preguntas impertinentes et me he limitado a escuchar.

    En un corro formado por mis compañeros et otros guerreros jóvenes, el anciano nos ha relatado cómo tuvo lugar la petición de ayuda de los Reyes Taifas a Yusuf. La mayoría cosnocemos la estoria, pero su forma de narrarla nos facía ver la escena ante de nosotros, como si fuéramos testigos della. Nos has contado cómo los Reyes Taifas renunciaron al pecado et aceptaron luchar bajo la bandera de los buenos creyentes para expulsar a los cristianos. Ha hablado de los representantes de los Reinos Andalusíes,que llegaron cargados de oro et regalos, et vestidos como califas et se humillaron ante un hombre cuyo único lujo era el cumplimiento estricto de la Ley del Corán, trasmitida por Dios al Profeta.

    Cuando ha concluido su estoria, el hombre sabio se ha despedido. No llegué a entender una especie de proverbio que repetía una et otra vez, pero como todos parecían cosnocerlo no me atreví a preguntar. Mañana partiremos hacia Márida.

Yaqub ibn al-Hadar

Almofalla de Consuegra

cuestaalmoravides

    Se ha producido un gran revuelo en el campamento. La actividad en las posiciones enemigas indica que desean presentar batalla. Rachid no cabe en sí de su asombro. Mientras façía guardia en la jaima de nuestro general ha escuchado su plan de batalla. Si vuelven a atacar en tromba, “como la otra vez”, la victoria es segura. Estamos eufóricos ya que además face pocos días  comenzó el Ramadán et todos nos sentimos preparados para la lucha. Estamos seguros de que Dios ha dispuesto todo para que acabemos con sus enemigos. Está con nosotros et no desperdiciaremos esta oportunidad que nos brinda.

     Los ingenieros aún no han regresado, et tememos por sus vidas. Si no aniquilamos a los cristianos durante la batalla et consiguen refugiarse de nuevo, nos será imposible mantener un cerco duradero. Se escuchan rumores de que Rudriq de Vivar viene hacia nosotros et que su hijo ha llegado ya al mando de trescientos fanáticos. Además, parece que el rey Pedro de Aragón cabalga desde el Norte con sus tropas. Quedar atrapados entre dos exércitos, sin fortaleza donde guarecernos, sería nuestra perdición.

    El calor et los mosquitos me despertaron avanzada la noche. Decidí dar un paseo entre las jaimas cuando di por imposible dormir algo más antes del Fayr. Pude ver a unos sinhayas escoltando a dos hombres hasta la jaima de un oficial, aunque no parecían ser llevados por la fuerza. Vestían largas túnicas pardas et llevaban cubierto el rostro, así que no pude identificar su origen. Tal vez Dios ha sembrado la traición en el corazón de los cristianos para que nos den alguna ventaja en el combate, aunque con casi total seguridad tan sólo se trate de dos de nuestros espías regresando para dar su informe.

Yaqub ibn al-Hadar

Camino de Mérida

Al Ándalus en 1097. Yaqub marcha hacia Mérida atravesando la antigua Taifa de Badajoz.    Atravesamos las tierras de lo que fue la Taifa de Batalyaws siguiendo la antigua vía Rumí de Emérita Augusta, o lo que queda de ella. La mayor parte no es más que tierra aplastada, pero en algunos puntos aún queda parte del suelo enlosado. Contemplar obras que han permanecido durante tantos siglos, fruto de un gran Imperio que doblegó el mundo, me face reflexionar sobre si nuestra obra correrá la misma suerte.

    El Imperio de Al-Murabitun se extiende al sur hasta las tierras de Sanghana, donde la piel de los hommes es del color de nuestras ropas, hasta la mitad de Al Ándalus al norte, et sigue el recorrido del Sol desde Aljazair en Levante, bordeando el Sáhara, hasta el océano en poniente. Falta tiempo aún para que podamos igualarnos con Roma, pero la gloria de Roma duró mil annos mientras que nuestra estoria comenzó hace apenas cincuenta.

    La desgracia de Roma vino por la inestabilidad religiosa et las luchas por el poder et el lujo. Nuestra fuerza reside precisamente en la unión bajo la bandera de la fe, así que no tenemos el problema de la inestabilidad. Por otro lado, nuestro emir no tiene más lujos ni riquezas que cualquier soldado, por lo que no hay peligro de que el ansia de riquezas nuble el entendimiento de un general con prestigio.

Yaqub ibn al-Hadar