Camino de Mérida (2)

urbanoII  Desde el último día que escribí no he podido quitarme una idea de la cabeza: Roma. La mítica ciudad donde reside el hombre que rige el destino de los rumíes. La conquista de Roma, la joya de los cristianos, debe ser el objetivo final de nuestra Yihad. El día que la sangre del Papa riegue el suelo et nuestros imanes llamen a la oración sobre las cabezas de nuestros enemigos, se habrá cerrado el sello del Islam et habremos vencido a los infieles.

  Dios nos fabla a través de Mahoma et dice: «perseguidlos et matadlos allí donde los encontréis», pero nunca hemos de empezar la contienda, sólo defendernos. Hoy mismo, miles de invasores  infieles marchan a través de Europa hacia Jerusalén, sedientos de sangre et ansiando profanar las Ciudades Santas. El codicioso Papa Urbano les ha mentido al llamarles a la guerra diciendo que Dios lo quiere et ha lanzado sus hordas contra nuestros hermanos en la fe. Los últimos informes cuentan que ya están a medio camino, en tierras del Basileus de Constantinopla.

  El momento de la Yihad ha llegado. Es hora de vencer al acero con el acero et limpiar la sangre con sangre. En Oriente, nuestros hermanos son débiles por estar enfrentados entre ellos. Tendremos que ser nosotros, los valientes Al-Murabitun, quienes venguemos esa infamia con la bendición de Dios, pero antes hemos de pacificar Al Ándalus.

Yaqub ibn al-Hadar

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