Arrabales de Mérida

almofalla2    Mientras me dirigía a la zona de oración he reflexionado sobre cómo han cambiado nuestras almofallas desde que comenzó la campaña, siendo cada vez más grandes. No somos sólo guerreros los que poblamos la almofalla, sino que hay cocinas, armerías, talleres, zonas de oración, et de purificación cerca de las corrientes de agua. Hay tiendas  de cautivos et jaimas ornamentadas para las mujeres de los oficiales (más vigiladas incluso que donde se guardan los fondos de intendencia).

    Somos una ciudad viviente marchando bajo el sol al encuentro de nuestro destino. Las columnas que forma nuestra marcha son las jabalinas lanzadas por Dios al corazón de los infieles.

    No hemos podido entrar en la medina de Márida. El cadí de la ciudad ha preferido que el ejército quede fuera para evitar problemas con los andalusíes, que están bastante alterados. Posiblemente la hoguera formada con libros paganos extramuros tenga algo que ver. La prohibición de cruzar los muros me ha impedido visitar las antiguas ruinas que aún quedan tras sus murallas. Me consuela pensar que tendré ocasión de ver otro lugar de similar valor histórico. El hecho de encontrarnos aquí nos sugiere que no iremos hacia Saraqusta ni Balansia, et nuestro probable destino será Tulaytulah.

Yaqub ibn al-Hadar

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