Almofalla de Consuegra

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    Se ha producido un gran revuelo en el campamento. La actividad en las posiciones enemigas indica que desean presentar batalla. Rachid no cabe en sí de su asombro. Mientras façía guardia en la jaima de nuestro general ha escuchado su plan de batalla. Si vuelven a atacar en tromba, «como la otra vez», la victoria es segura. Estamos eufóricos ya que además face pocos días  comenzó el Ramadán et todos nos sentimos preparados para la lucha. Estamos seguros de que Dios ha dispuesto todo para que acabemos con sus enemigos. Está con nosotros et no desperdiciaremos esta oportunidad que nos brinda.

     Los ingenieros aún no han regresado, et tememos por sus vidas. Si no aniquilamos a los cristianos durante la batalla et consiguen refugiarse de nuevo, nos será imposible mantener un cerco duradero. Se escuchan rumores de que Rudriq de Vivar viene hacia nosotros et que su hijo ha llegado ya al mando de trescientos fanáticos. Además, parece que el rey Pedro de Aragón cabalga desde el Norte con sus tropas. Quedar atrapados entre dos exércitos, sin fortaleza donde guarecernos, sería nuestra perdición.

    El calor et los mosquitos me despertaron avanzada la noche. Decidí dar un paseo entre las jaimas cuando di por imposible dormir algo más antes del Fayr. Pude ver a unos sinhayas escoltando a dos hombres hasta la jaima de un oficial, aunque no parecían ser llevados por la fuerza. Vestían largas túnicas pardas et llevaban cubierto el rostro, así que no pude identificar su origen. Tal vez Dios ha sembrado la traición en el corazón de los cristianos para que nos den alguna ventaja en el combate, aunque con casi total seguridad tan sólo se trate de dos de nuestros espías regresando para dar su informe.

Yaqub ibn al-Hadar

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